EL LARGO CAMINO A LA CRISIS
Centro, periferia y transformaciones de la economía mundial


Entrevista a Enrique Arceo, docente e investigador de flacso.

"La crisis no va a poder superarse si no se desplaza al capital financiero"

Tiempo Argentino dialogó con el economista autor de El largo camino a la crisis, su último libro,
donde indaga en las causas de la bancarrota internacional.
Para superarla, asegura, "es necesaria una profunda movilización popular".

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Por Arturo Trinelli:

No debe haber muchas personas en el país que hayan estudiado profundamente las causas de la crisis financiera, imprescindible para determinar sus impactos y evaluar las estrategias desplegadas para atenuarlos.
Una de ellas es Enrique Arceo, docente e investigador de FLACSO de prestigiosa trayectoria académica, quien en su último libro se ocupa de analizar los cambios de la economía mundial desde la crisis del '30 y, a partir de ese recorrido, interpretar la genésis de la crisis actual.
Arceo recibe a Tiempo Argentino para explicar los interrogantes y desafíos que se le presentan a la Argentina en un contexto internacional volátil y complejo.

-En su libro, usted afirma que la crisis no necesariamente implica que los EE UU haya perdido su papel hegemónico o que el capital financiero no continúe siendo predominante. ¿Qué implica entonces la crisis y hasta dónde puede llegar?
-Estados Unidos tiene 600 bases militares en más de 100 países, además de una fuerza militar casi equivalente a la del resto de las naciones. No hay otra economía que tenga una inserción internacional, productiva, económica y financiera de su nivel. El mercado financiero de Estados Unidos sigue siendo central. Por lo tanto, a uno le gustaría decir que la crisis se llevó al neoliberalismo, pero lo que uno observa claramente es que el sector financiero aceptó las dádivas del Estado y fue salvado por él. Sin embargo, superado ese trance, su preocupación no son los desocupados, sino la estabilidad de la moneda y del pago de las deudas contraídas por los estados para salvarlo. Y desde 2010 inició una ofensiva en ese sentido, de la cual la crisis europea es un aspecto. Me gustaría decir que ha habido un desplazamiento al capital financiero, pero la concepción predominante en el centro sigue siendo el neoliberalismo, que es altamente funcional a sus intereses.
-¿Podría pensarse con relativo optimismo que el camino que estamos transitando en la actualidad desembocará finalmente en una salida de esa crisis?
-No. De la crisis no se va a salir por lo que ocurra en la periferia: el crecimiento de esta genera, en los hechos, un incremento de la competencia en nivel mundial y agudiza las contradicciones. La crisis es básicamente un problema derivado de la forma que ha adoptado el crecimiento del centro bajo la hegemonía del capital financiero. Y no creo que se pueda superar si no se desplaza al capital financiero de su centralidad, lo cual requiere una profunda movilización de los sectores populares. Por ahora el capital financiero procura recrear las condiciones de otra burbuja financiera, y mientras ese nudo no se rompa, tendremos, en el centro, la recreación y estallido de sucesivas burbujas con crecimiento promedios muy bajos. Recordemos que, década tras década, la economía mundial ha crecido cada vez menos. Y esto no puede dejar de afectar a la periferia, que va a tener que centrar su crecimiento, en una mayor medida, en el mercado interno. Esto es importante para nuestro país, donde hay quienes piensan todavía que se puede reconstituir la Argentina oligárquica, sin darse cuenta de que estamos frente a otro país, que no tenemos la renta internacional que teníamos en aquella época y que además el peso de la renta agraria que efectivamente tenemos es muchísimo menor e incapaz de dinamizar el crecimiento de la Argentina.
-Daría la sensación de que en los países más comprometidos con la crisis se están sugiriendo las mismas políticas que se impulsaron aquí durante años. ¿Qué posibilidades tienen esas naciones de una salida "a la Argentina"?
-El FMI y, entre otros, el capital alemán, en una coyuntura extremadamente complicada para Europa, está sugiriendo las mismas recetas que se pensaron para la Argentina frente a la crisis de la Convertibilidad. En Europa, Alemania reforzó, en buena medida a través del control de los salarios su posición internacional como gran exportadora, y entre otras cosas, generó un déficit comercial en todos los países del sur. La deuda, en estos países, es consecuencia de este déficit y de la misma crisis. Pero este déficit no se puede revertir sin una devaluación (y una sustancial quita de la deuda), que implicaría una crisis de la construcción europea o una reducción de los sueldos, que se calcula para Grecia en un 30 por ciento. Y Alemania procura, por todos los medios, una solución a través del ajuste, no sólo para salvar a los bancos y al euro, sino también para disciplinar a los trabajadores del sur de Europa y transformar a la Unión Europea en una plataforma de exportación capaz de incrementar su peso en la economía mundial. Parte de lo que está en juego, entonces, es cómo se recompone la relación de fuerzas entre los países centrales a lo largo de la crisis.
-La Argentina en los últimos tiempos está orientándose a países emergentes, menos expuestos a los efectos de la crisis pero demandantes de productos de escaso valor agregado. ¿Cómo sostener estos vínculos evitando la reprimarización de las economías?
-El gran riesgo es recrear una relación como la que tuvimos con Inglaterra. Los chinos no van a dejar de comprar soja porque hagamos una política de industrialización. En realidad, durante la Argentina oligárquica, en los debates sobre proteccionismo siempre se agitó el riesgo de que nos dejaran de comprar los ingleses, lo que sirvió para reproducir el modelo oligárquico. Si hay algo en lo que no podemos caer es en lo mismo. El problema es cómo diseñamos políticas que, utilizando los excedentes que genera la demanda de China, sirvan no para reprimarizarse sino para diversificar la estructura industrial. Para ello se requieren políticas industriales activas cuidadosamente diseñadas.
-¿Hay alguna otra posibilidad?
-Creo que no. El aumento de la productividad china es sustancialmente superior al nuestro y si no se profundiza el proceso de industrialización, su creciente competitividad va a incidir sobre el empleo y el crecimiento de nuestro país, donde hay un amplio campo para impulsar el desarrollo de la genética, la producción farmaceútica, la energía atómica, la industrialización del litio, etcétera. Y para reestructurar las actividades existentes. En muchos casos, creo, se necesitará una actividad directa del Estado y no meras políticas de promoción; es decir, crear empresas públicas, o entes públicos capaces de arrastrar al conjunto de la industria. Y esto es uno de los grandes desafíos.
-¿Cómo observa la manera de relacionarse de la Argentina con la región y las iniciativas económicas que se pretenden desde la Unasur para sortear la crisis?
-La dura realidad de América Latina es que lo que pase con la integración depende del "hegemón", que es Brasil. Brasil no ha dado el visto bueno al banco por la posibilidad que compita de alguna forma con su BNDES. Eso se está negociando. Pienso que si bien es necesario un banco, no se trata de una solución mágica y que desdolarizar todo lo posible los intercambios es positivo, pero que el problema de fondo es que el acelerado crecimiento del comercio con el resto del mundo reduce la importancia relativa del Mercosur para sus integrantes. El comercio hacia afuera de la región es centrífugo. Pero estoy convencido que un proyecto de autonomía para América Latina pasa por una integración regional, que no puede tener un eje fundamentalmente comercial sino productivo. Es decir, que descanse en un proyecto regional de división del trabajo en el marco de un proceso conjunto de industrialización. Hay que afinar muchísimo las políticas: la relación con el Mercosur no puede ser enfocada desde los requerimientos y los intereses de los empresarios, sino desde una política nacional orientada hacia una política común de industrialización. <

Sobre el BCRA

-Habiendo sido fundamental el rol del Banco Central durante el neoliberalismo, ¿cómo interpreta el anuncio de reforma de su Carta Orgánica?
-Es la consecuencia necesaria de haber salido de la Convertibilidad. Pero más allá de ello es necesario subrayar que uno de los objetivos del neoliberalismo ha sido sacar a los gobiernos el manejo de la política monetaria mediante la autonomía del Banco Central. Pero el Estado que renuncia a la política monetaria limita tremendamente sus posibilidades de hacer política económica, por lo tanto hay que celebrar la medida.